martes, 30 de diciembre de 2014

¡Pasen y lean!: Diario de Tochi-chan

Día 720

Ese día Tochi-chan se levantó de la cama con un nudo en el estómago. Sabía cuál iba a ser su rutina esa mañana, como todas. Hacía dos años ya que, junto a su gran amigo Piltrafilla, seguía la pista a las creadoras del abandonado blog “Tormenta de Ideas”. Todo comenzó el día en el que, sin dar muchas más explicaciones, Lucilda y María se despidieron de ellos, alegando que tenían muchos asuntos que atender y que no podrían atender el blog lo suficientemente bien.

Desde ese día, ambos se quedaron sin trabajo.


La vida en el paro era monótona y aburrida, quizás por ello Piltrafilla y él se entregaron en cuerpo y alma en la tarea de buscar su única esperanza: que ellas volvieran a escribir en el blog. Todo después de unas semanas insufribles en las que sentían dolorosamente como el tiempo se les escapaba de las manos sin hacer nada útil. Recortes de periódicos, carpetas clasificadas entre las noticias sin confirmar y las que habían logrado corroborar, cientos de hojas impresas con sus historiales de internet… Todo inundaba el suelo de su cuarto, en el piso que se habían visto obligados a compartir.


Tochi-chan le echó una mirada de soslayo al mapamundi que tenía colgado encima del sofá, lleno de chinchetas de colores, antes de entrar a la cocina a prepararse el desayuno. Cuando se sentó frente a la única ventana de la sala de estar, agitando la cucharilla de su taza de chocolate, emitió un hondo suspiro (aunque fue más bien psicológico, era consciente de que su altavoz no emitiría más que chillidos adorables) Esos últimos días habían sido especialmente duros, porque esa pequeña luz de esperanza que le alentaba a continuar investigando sobre las chicas se había hecho más poderosa. No entendía el por qué, ya que más bien, las noticias sobre ellas habían sido escasas, por no decir casi nulas. La irracionalidad de sus presentimientos era lo que más le molestaba. No podía permitirse una desilusión, no ahora, sería un golpe demasiado duro. Sobre todo no podía permitir que Piltrafilla se enterase de sus cavilaciones, ya que sabía que podría acabar preocupándole.


Sonrió mientras daba un sorbito, observando los últimos expedientes curriculares que había logrado conseguir, parecía que Lucilda por fin había aprobado Física I, y María también Señales. Aquél hiatus no había sido en vano, eso él ya lo sabía porque confiaba plenamente en ellas. Su mirada pasó lentamente desde esos documentos hasta las últimas fotos que había obtenido de las salas de cine de la provincia.


Entonces, Tochi-chan pegó un bote del sofá.

En su pequeño cerebro de algodón algo había hecho clic.

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